Viaje. Fez, Marrakech, el Sahara y otras maravillas de Marruecos. 29 marzo – 6 abril 2019

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Tan solo 20 kilómetros separan la Península Ibérica de un increíble mundo, muy cercano y a la vez muy lejano, con una cultura y tradición fascinante, que pudimos visitar el 29 de marzo al 6 de abril de 2019.  Fue una experiencia maravillosa, que nos atrapó nada más llegar: lugares diferentes, ciudades con hermosas e increíbles medinas para callejear y unos zocos bellísimos, llenos de color, bullicio y actividad. También están los impresionantes desiertos, con sus grandes, infinitas y doradas dunas, donde es posible contemplar amaneceres y cielos del todo excepcionales.

Y la mítica cordillera del Atlas, con cimas que superan los 4000 metros de altitud, de nieves perpetuas, hermosos valles e impresionantes gargantas, algunas tan espectaculares como las de Todra.

Junto a una naturaleza tan excepcional, exótica y llena de contrastes, están sus magníficos tesoros artísticos, que son como joyas que adornan el oro de una bellísima corona. Entre éstas destaca la impresionante huella que dejó el imperio romano en todo el Norte de África, que tiene en Marruecos uno de sus máximos exponentes: Volúbilis, el yacimiento romano mejor conservado de África.

De una excepcional calidad y singularidad son las obras de la creación almohade y almorávide, con maravillas como el Ksar de Ait Ben Haddou, bellísimo pueblo de arcilla y adobe, detenido en el tiempo en una zona árida y rocosa, escenario de películas tan famosas como Lawrence de Arabia o Gladiator. Y la impresionante ciudad imperial de Fez, con su medina del siglo VIII declarada Patrimonio de la Humanidad y considerada la más grande del mundo, con magníficos edificios y rincones, laberínticas calles y rebosantes zocos, donde durante siglos se han comprado y se sigue comprando todo tipo de hermosos objetos.

Admiramos otras ciudades tan interesantes como la capital, Rabat, con sus palacios y mausoleos, o las desconocidas y evocadoras Meknés, Midelt, Ifrane o Ouarzazate, a cual más bella, para culminar en la extraordinaria Marrakech, gema preciosa del país, con su extraordinaria plaza Jemaa el Fna, sus espectaculares zocos, la magnífica madrasa Ben Yusuf, el palacio de la Bahía o la Menara y tantos otros lugares, de tanto valor como la Mezquita Kutubía, con su bellísimo minarete.

Muchos de estos lugares son Patrimonio de la Humanidad, por su excepcional valor, como la referida medina de Fez, el Ksar de Ait Ben Hadu, la ciudad histórica de Meknés, el sitio arqueológico de Volúbilis, la medina de Marrakech o Rabat, tanto la capital moderna como la ciudad histórica. A todo ello hay que añadir la riquísima y especial gastronomía de Marruecos, donde se mezclan y conviven las raíces árabes de su cocina con la influencia europea y su acento siempre mediterráneo.

Y junto a tanta riqueza artística y cultural, belleza paisajística, apasionante historia, colorida tradición y sabrosa cocina, está su preciosa artesanía, su estratégica situación, su importancia presente y futura, y por supuesto la maravillosa hospitalidad de sus gentes. Además, visitamos estas tierras en los momentos en que lucía más bella, con sus palmerales, oasis, jardines y montañas en máximo esplendor, con sus verdes más intensos y las flores más brillantes, con las temperaturas más suaves y benignas, lejos de los calores de estas tierras fronterizas con el desierto. Una experiencia, una vez más, extraordinaria, que, sin duda, volveremos a vivir.

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